Glup 2.0

24.4.18

Anillo dorado



Mujer que yaces a mi lado, inmóvil como la esposa de Lot, salada tú también, dulce como el moscatel de Chipiona, picante como un pimiento, dorada tu espalda en el peregrinaje por las costas del sur, adoro ese contraste de piel blanca en tus nalgas, en tus pechos que me envían mensajes como palomas cómplices; tus brazos cansados de desbrozar con el almocafre las malas hierbas de mi pensamiento único, esparciendo polvo en mi camino a ti, tan transitado, tan amado, tu cuerpo entero lleno de atajos al baúl de tus suspiros, de tu corazón vencedor en nuestra batalla, en la que siempre, sometido, derrotado, me postro con mi alfanje roto, mis lanzas, mi adarga que entrego en una rendición sin condiciones.
Oh, mujer que sabes que mis naves de recreo sólo quieren arribar a tu puerto de luz; que trazas, traviesa delineante, mi única carta de navegación; que sabes que un cíclope ciego de deseo me lleva de la mano hasta tus altas almenas; qué náyades con tu rostro me acarician mientras avivo y soplo la hoguera de esperarte.

Escapan los pájaros de mi jaula, vuelan por campos de tréboles en los que tu no transitas desde que los trenes dejaron de pasar por nuestra ventana abierta al murmullo del otoño que viene, los mismos que guardamos en fotos enmarcadas, en textos que reservo solo para ti, que no regalo, nostalgia no controlada de tu cuerpo, no numerada.
¿Duermes, amor?, tu rostro está escondido por la melena que agitas a veces para espantar ese deseo que se posa en la misma piedra con musgo, en los pies que huyen sin saber dónde. Déjame que calme el desasosiego, que nos abracemos como lo hicimos bajo el agua de aquella piscina azul, los mirlos esperan en su rama, cuantos minutos llevamos así, las burbujas nos delatan, me falta oxígeno, necesitamos el mar o la tormenta, que llueva o qué de una vez por todas se sequen todas las fuentes, que se caiga el campanario de la iglesia del cerro o que se cumpla el sueño de pasear por esa playa casi desierta – solo esa pareja que envidiamos y que inventan el amor cada atardecer-.
Algo debe ocurrir y los gemidos, algo debe pasar y mi ansiedad calmándose como un caballo después de una carrera – la figura es torpe, pero está llena de notable parecido-. ¿Sueñas, mi reina?, no sueñes, deja que la noche nos lleve abrazados hasta el alba, hablándonos como adolescentes, como turbios adictos a querernos, como los feroces amantes que somos, como las fieras que podemos ser, como el milagro de nuestros cuerpos enroscados, palpitantes, sudorosos,enemigos, cómplices, uno.
Verte así, desnuda, hace brillar el anillo de mi dedo, llena mis ojos de lágrimas de alegría fluyendo como un arroyo del monte entre la niebla de anhelo, delicada hembra tumbada a mi costado como una hurí pintada por Vargas, mi faz de Buck vibra y vibra, altera la vena dorsal profunda y mis nervios se llenan de minúsculas esferas de energía brillante que saltan bajo los músculos tensos, prestos, atentos.
Sudo, bien, sudo y de entre los labios, sin control, cae mi baba mientras te miro y remiro y mis manos inventan alfabetos, dibujan estrofas que conozco y repito, como una letanía, como perlas negras en una sarta que desgrano entre los dedos que se deslizan ahora a milímetros del planeta incandescente de tu cuerpo bajo las sábanas que me llama y llama...

Querido, lo siento, esta noche me duele la cabeza, mañana...
Vaya, otra noche qué no.

23.4.18

Parker no espabila


Parker ha muerto muchas veces, por muchas mujeres. Creía que esta vez, ayer, - ¿o fue mañana?- también iba a morir. Pero no. Jamás ha amado a nadie como a esa ingrata. Pero no muere. Algo ocurre ¿Qué es esa desmemoria? Se ha asomado al abismo y no estaba.

No estaba.

Eso que la disecea no le impide, aún, escuchar el latido puntual del deseo, a veces como un torrente, a veces como un zumbido de insecto en sus oídos torpes, cansados pero atentos.

Este Parker no espabila ni a tiros, debe ser que está vivo.

22.4.18

Boxeador sonado




He asesinado al poeta, al boxeador, al sinsorgo, al místico que nunca fue.
Los amores que dictaron discursos se han borrado del facistol de la sacristía.
Me duermo en el atril.
Eso.
Ya.


21.4.18

Hoy tengo ganas de ti,




Sale un hombre del opaco y grita airado “Die Grenzen meiner Sprache bedeuten die Grenzen meiner Welt” (Los límites de mi lenguaje representan los límites de mi mundo), que escribió en 1922 el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein en su Tractatus lógico-philosophicus 5.6. Habrá un tiempo en el que estas cosas me impresionarán. Mañana. Hoy me dedico a temas sin temas, al quizás de este no que musito. O sea que estoy cansado, que´s mucho tiempo, que ya no sé cómo decir lo que ya he dicho/sentido/sentiré. Aun así, tú ves, voy y vengo por textos que no sé cómo me invento con eso de la inercia y el deseo de desear. Y las ganas. Hoy tengo ganas de ti, que cantaba no sé quién, pues no, que las ganas se están mudando a territorios indefinidos en los que solo hay agua y amaneceres, silencio y gaviotas a lo lejos, a ras de la superficie oscura de mi mar (en el qué, por cierto, se reflejan las nubes negras de la borrasca de turno). El fin de la tierra.

20.4.18

Lineal

Norman Rockwell, Easter Morning, 1959.


No sé si este oficio de vivir da para algo más que para el fugaz avistamiento del taller donde. Borroso, está borroso, el futuro es un hilo perlado de rocío temblando en un amanecer incierto. 
Pero amanece. 
Hoy.

 No le entiendo.

Llegó un momento en el que supimos que no había nada que entender, que las reglas de juego eran falsas, que las rayas amarillas del campo se pintaban cada mañana.
When a wake up in the morning que cantaban no sé quién, muchos, una imagen recurrente, encarar la/el mañana.

No me he levantado aún.

19.4.18

La gallina



 Así pasan los días (y yo desesperando/y tú, tu contestando/quizás, quizás, quizás) en busca de la retórica que defina el vacío, el bostezo, refrenar el instinto de contarlo todo de golpe y la semana que viene ya veremos.  No, no lo vemos así, esto va día a día, goteando, administrando la voz.

Hay una certeza, la rutina mata la emoción, en lo cotidiano se pierden los temblores, todo ya es esta  absurda amalgama de palabras, es igual corazón, hígado o lo testicular, nada es nadie y yo qué sé.

Pero vuelva usted mañana (por favor).   

18.4.18

Memez



Ya lo decía Emerson: "Emplea el lenguaje que quieras y nunca podrás expresar sino lo que eres". Quiero decir que da igual estar aquí desde hace once años o desde ayer, al paso lento, al trote o al galope desenfrenado. Dejar textos oscuros,  emocionantes o preñados de irresponsable sensiblería. El meollo está en las expectativas, en el deseo, en la ambición, en la presunción de inocencia, en la desesperación del escritor por decir, en la alternancia entre subastero y gilí. El único personaje es el que lee, el que esconde los valores, el propósito de esto, el que busca redención o ternura, el que enreda su trama para que el conjunto de palabras no le parezca tan insulso, lineal, o sea una memez…

17.4.18

Toro negro.


En principio está el paisaje con árboles y el vacío, lo que no hay, elogio a la ausencia, águilas o música, hombres junto a la hoguera. 

En lo que hay y no se ve, detrás, una mujer  camina por un sendero (por cierto, en la mano derecha sujeta el extremo de un ronzal, el otro extremo pasa alrededor del cuello de un toro negro). 

Todo esto es folclórico, simbólico y onírico, a partes iguales.



16.4.18

Lo angelical

William-Adolphe_Bouguereau_(1825-1905)_-_Song_of_the_Angels_(1881)

La vida soñada de los ángeles es un balancín rojo donde se mece a un lado la realidad, que es una señora delgada, desmemoriada, incómoda, absurdamente sentada en lo alto de los días, al otro lado  su pareja, el grueso señor de la mentira en tres dimensiones que mira sin ver.

Esas cosas raras de los querubines.

15.4.18

Trapecio.





Lector es el que lee, escritor es el que escribe, la existencia la marca un reloj desenfrenado. Un día cualquiera, para cuando te quieres dar cuenta, estás subido en un trapecio de colores, cabeza abajo, emulando a Pinito del Oro, un suponer. 

Un resbalón puede ser fatal. 

Y te caes, claro. 

Ploff.

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