Glup 2.0

21.1.18

Pagar las deudas.



Entre tú y yo el amor estaba en vilo, no había mapas ni código de banderas, planos de las calles prohibidas, manuales de sombras caducadas.

Al parecer empieza una nueva era, te ruego me avises si estás sentada en el centro de un círculo de tiza, con velas encendidas y señales de advertencia, con tus nalgas de nácar posadas sobre el azahar, con un cartel de vetado el paso, deja de decir eso de “vete, tío”, estoy en un limbo en el que no sé si voy o si vengo.

Para colmo, todos los autobuses pasan llenos y he venido sin chaqueta.

20.1.18

Amén.




II

Esto es un intento, un animal sordo, irreverente, taimado, que ha probado la sangre de la belleza y se oculta entre los juncos esperando las gacelas que abrevarán de madrugada.

Inventa la primavera infinita y la música es el abismo donde se suicidan los colores y el hambre de eternidad.

La indiferencia destruye el hábito de dioses ocultos en la tradición, con las palmas de la mano hacia arriba, como esperando una limosna de credo o el castigo con varas de avellano.

El cuerpo y sus apetencias, un torpe obstáculo entre la confesión y la ternura.

Nadie sabía, nadie comprendía y el fuego de los sentidos devoró el prado, luego la casa, luego esparció ceniza de huella en huella hasta que todo fue humo.

Eliminados los obstáculos, las palabras esdrújulas, justo entonces vino la nada.

Amén.


19.1.18

Aleluya.



I

Esta es una nave con  burbujas que se pliegan a la proa en la madrugada, que navega con el viento de cigüeñas, con el trino  de pájaros de Oceanía, con el duro silencio del mimo sureño, con un sol en el centro del pecho, ciudad sin límites, eso era Manhattan y la recorrimos de norte a sur hasta encontrar la frontera entre la siesta y la sinceridad de nuestros cuerpos desnudos.

El sacerdote no bendecía los viernes.

Los truenos talaban el tuétano de los huesos.

Un rayo nos descubrió la parte oculta del cielo, el otro lado de la eternidad.

Desde la ventana del hotel vimos una anciana con los dedos mojados en aceite y vino, pintaba señales en el muro donde descansaban los porteadores. Su mirada perfumó la indiferencia del portero con librea.

Junto al Hudson nos lamentamos antes de la partida.

Fuimos sombra y después llegó un nuevo día.

Aleluya.


18.1.18

Parker y la incomprensión.



Parker se siente incomprendido, desde la estructura invisible de la retícula d´esto hasta el punto final. Pone en marcha el cronómetro, da cuerda a los relojes y en dos le sobran minutos. Se sumerge en el centro del túnel del viento y le falta fuerza impulsora para volar más allá del acá.

En el trabajo del pasado siglo hay un énfasis de azufre y manganeso, una alteración del carbono  de 0,001 (%) y  Parker fluctúa entre la inyección de oxígeno y la toma de muestras de acero líquido para su posterior análisis químico. En este periodo crítico, el trabajo es un bien escaso y entre la metalurgia y la informática hay periodos de contemplación de la Naturaleza desde el mirador del cabo San Vicente, desde Elantxobe o desde Finisterre. Ea.

Ha leído una frase de Groucho Marx (¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.) y se le alteran todos los ámbitos de la percepción, incluso siente un temblor similar al crecimiento entre la organogénesis y la gastrulación. Hay mucho en ese dicho y se pierde en la noche.


17.1.18

Parker no sabe.



Parker sabe que no sabe nada, es más, está contento de su ignorancia. Los días que han pasado son inútiles y su único deseo es estar tumbado bajo un árbol de luz.

Le preguntan, ¿has leído a Max Aub? Y pone cara de no saberlo, mira al cielo, sonríe y calla.
Insisten, ¿qué te parece Jan Garbarek? Ni siquiera parece haber escuchado.

Los laberintos del conocimiento están iluminados, hay un farol en cada esquina,  el tiempo es un sol quieto, un Ícaro respetuoso repliega sus alas,  el aguijón de la noche siembra las calles de insomnio. A lo lejos se escucha música, chirridos de máquinas, teléfonos, llanto. Un incendio de miedo ha consumido la retama, ha asfixiado a los pájaros, hay un silencio en el valle. Hay una lluvia de cuervos, las flores del mal crecen entre las piedras de la torre rota, quizás no sea culpa de nadie pero Parker sabe que este relato está incompleto, falta miel, mejillas, el roce de dos cuerpos, la huella de los peces se pierde en un océano de voces. Sabe que así no hay quién le entienda, es la propia ignorancia que trepa sobre lo ya dicho.

Hay que ver (para creer).

16.1.18

Observatorio (II)


Desde el observatorio es más sencillo oír rodar al mundo; sentir la hierba ondulando; acompañar a las anguilas mientras hierven en el río. Desde ahí arriba, las estrellas están  más cerca, los dioses están más lejos.

Tú nunca estás.


15.1.18

Parker pela cebollas



Parker pela cebollas y canta, prepara un plato de pétalos de calabaza, inventa alimentos, en una esquina descubre a Rubens, no sabe distinguirlo de Pollock. Como tantos, se mira en el espejo de una pantalla que le conecta consigo mismo, la realidad es un pantano en el que chapotea la supervivencia.

A pesar de la lluvia y el frío la ciudad hierve en un domingo de himnos alegres, silba músicas de ascensor de los grandes almacenes, los poetas firman con la huella del pulgar, dedican sus libros en las esquinas del viento, la Navidad permitió  consumir lo no consumible,  la estrella de oriente nos lleva al borde del abismo Nasdaq, Dow Jones,  Ibex, Nikkei, el precipicio de un ojo turbio, la náusea de los mercados, la podredumbre de la avaricia, el hambre de tantos, tantos.


Parker está llorando, quizás debe dejar de pelar cebollas (o de pensar).

14.1.18

Nadar



A veces ganaba, a veces, la carrera solía ser contra mí mismo, el premio era nadar, el aplauso tímido de los desconocidos, la velocidad de mis brazos y piernas, la agilidad de mi cuerpo en los virajes, el entrenamiento, la entrega, el cloro que me enrojecía los ojos, el poder presumir con las sombras de los ausentes, no fui seleccionado, no tuve padrinos, ni carnet, nadaba para poder nadar, mi padre no estuvo nunca animándome en la grada.

13.1.18

Ensimismado



Corto de miras, un lelo, ensimismado en lo que escribo, sin mirar a los lados, no como esos reptiles de mirada periférica, un camaleón por ejemplo, no, con orejeras, mirándome el ombligo sin cesar, sin mirar hacia otros lados, que los hay, vaya si los hay, leer, sentirlo, admirarme acomplejándome, empequeñeciéndome, agarrándome al absurdo de la estadística, sí pero yo tengo más me gusta, cómo se puede ser tan simple, que sí, que de escribir  sentimientos que nacen dentro de la piel, debajo, en las entrañas, por ahí, doliente voz borboteando en inviernos del alma, amor encontrado en Ella, en otras Ella, en un templo de Barcelona, yo qué sé, paso a escribir como un amanuense, un monje benedictino que copia textos desde la esquina del cerebro que organiza un Stockhausen  ibérico, un burgués emocionalmente inestable, al borde de la melancolía, un perro negro a punto de morderme las pantorrillas, ¿ves?, a nadie le importa esta retahíla de boberías alienadas en el escaparate, lo sé, mi espejo habla, habla el que en él se refleja y dice, me dice, espabila, chaval déjate de nostalgias del piso de Tívoli, infancias en una cocina luminosa entre mujeres y risas, salto al vacío de la vida, soledades compartidas, las garras del trabajo, el primer beso en la sombra, el tedio, el miedo, el amor como una losa, siempre una Ella en la confluencia entre ser y no haber sido, esperando su llegada, su paso, y no venía, llegó tantos años después, podemos ser amigos, ¡no!, que no quiero ser su amigo, solo, que quiero su cuerpo enjuto y pálido abrazado al mío en la ternura, crucificados a besos nunca dados, inventar la dulzura de una voz ahora tan ronca, definir la pasión, imaginar caricias en sus muslos, esto es así, empieza en uno y termina en infinito en esas madrugadas plomizas en las que el viento alborota las gaviotas que van de un sitio a otro, galopando entre olas oscuras, de la alameda llega el silbido entre los árboles deshojados, una ausencia hizo la otra, melodía prófuga, la vida pasa en tres minutos de una canción de Sinatra, my way, descifrar lo incomprensible, la travesía de los días, vivirlos con el corazón colgado de un bramante de sueños desmedidos, mirar la luna hasta perder la razón, si aún quedaba, el desaliento de las amistades que se fueron, recuerdo las playas, las blandas arenas que he pisado en bajamar, los brazos bronceados, las huellas en la orilla, su bikini escueto y verde, sus caderas generosas, mi cuerpo varado junto al suyo en las noches oscuras y cálidas, un aeropuerto en Bruselas, la retirada cuando me reñía, sus labios llamándome luego, ven, desnudos sobre el crepúsculo, el nuestro, un tiovivo de voces, su acento dulce, la escarcha de las despedidas, no te vayas , amor, ¿volverás?, como un funámbulo sin equilibrio, caminando sobre un alambre tenso, sin red abajo, me rompí las piernas, el alma, las ilusiones, la esperanza, nadie aplaudía ya, los violines, aquella orquesta  pagada, toquen otro vals, el último, ¿qué queda?

12.1.18

Abrazos



Recibo cartas y no puedo contestarlas, he recibido felicitaciones de Navidad, de Fin de Año, de Reyes, de Urdangarín y no saco tiempo para decir gracias. Lo digo ahora ¡¡¡Gracias!!! Mientras enero se remansa en horas y tomamos impulso para saltarnos los meses sin saber que nos saltamos, que cada día es uno, irrepetible, que no vuelve. ¿Dónde irás el sábado? aun es viernes y nadie sabe si mañana caerá un meteorito a nuestra vida y se llevará el futuro, el pasado y las ganas de respirar, si se nos cruzará en el camino esa persona que nos haga diferentes. Un abrazo en este 2018 que empieza, a por él. Mis disculpas a todos aquellos/as a los que no he podido contestar, no me dan los días.

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