Glup 2.0

22.9.17

Capítulo cien.





Capítulo cien. En el que en esta noria se cuenta cómo escribir es no vivir, es decir nada, es decir qué me va usted a contar, que van y vienen los días y aquí no llama nadie (atentos, nada, nadie). Se secan los pozos, se alborotan los vencejos y nos juntamos las viejas glorias para recordar lo que no pasó, aquello que de tanto contarlo lo hemos modificado y al final resulta que ni siquiera somos amigos y paga tú y luego arreglamos. Si te pones así discutiría incluso lo de glorias/gloria, que cuando el tiempo pasa y la soledad está sentada en el sillón del salón comedor donde nadie come terminas hablando con ella, es decir solo, es decir que te contestan las cortinas que, por cierto, necesitan un agua, la verdad. La realidad es la que no veo/vemos, que eso es escribir, no ver la realidad, joder, mírate al espejo, eso/ese (o sea tú) es la realidad, no hay más y ya puedes ponerte como un basilisco (frase antigua) o dar vueltas como un zarandillo (frase aún más antigua) que lo que é, é y por más que intentes recordar es en vano, aquello no fue, tú no fuiste y solo tienes este ahora entre el bostezo y el miedo. Ya, que te está dando bajona, hala, por leerme, a quién se le ocurre (es una pregunta sin signos). Capítulo ciento uno.        

21.9.17

O no.



Hay que ser un optimista incorregible o un inconsciente para compartir aquí lo que uno/a escribe. No hay nada que hacer, todos escribimos. Es como lo de la fotografía, todos hacemos fotos. Es como lo de los gustos, todos tenemos el nuestro y se acabó la discusión.

Es curioso, también todos tenemos ombligo, más o menos grande, algunos tienen verdaderas obras de arte de parteras célebres, nudo que nos desligó de dónde venimos pero que no da pistas de hacia dónde vamos. O sí.

Mientras tanto escribimos, lo compartimos, hacemos fotos, las compartimos y tenemos buen gusto. O no.  

20.9.17

Hoy hace diez años



En primera línea, en las trincheras, hundidos hasta las rodillas en el barro, asomando la cabeza con tiento, sabiendo que somos los siguientes, los de la próxima batalla, temiendo su inminencia, nuestras escasas fuerzas, lo cruel del combate, lo irremediable del desenlace, que estamos vencidos aún antes de comenzar.

Sin embargo ajenos a los pregoneros del miedo, al silbido de las serpientes, en vigilia, con inspiración, airosos, benditos sin bendiciones, con un sombrero de plumas, alegres, brindando al viento, ebrios de vida, saltando con agilidad la arquitectura de los días, traduciendo las sílabas de la risa, eludiendo la geografía de lo complejo, nadando en besos, deslizándonos en abrazos, casi exultantes.

Que nadie sople nuestros faroles, que nadie borre el camino escogido, que las nubes pasajeras no nos impidan ver el rumbo marcado por las estrellas, que nada restrinja nuestro gozo, que nadie nos prohíba la felicidad, los sueños, que nunca el pasado nos siga, furtivo, recordándonos lo que no fue, lo de antes, que el ahora nos colme, nos haga levantar la mirada, que el espejo nos mienta, nos mime, nos ensalce.

Que la inocencia siga en equilibrio, que no perdamos la voz espontánea, la piel erizada, el sentimiento ahogándonos, oprimiéndonos la garganta ante lo bello, lo profundo, lo que nos vuelve el alma del revés, todo aquello que apenas sabemos definir pero que nos hiere de intensidad, de anhelo, que nos toca ahí dentro, en lo más íntimo, allí donde ni siquiera nosotros mismos sabíamos que existía un territorio.

Que no nos falte el deseo como un lobo poderoso, ni el abrazo de nuestros amigos, ni los cantos de sobremesa con una copa de vino en la mano, ni las ganas de pasar las medianoches bajo un cielo negro, nuestro, hablando de caricias y halagos, de amistad, deliciosa conversación del ahora, lo que somos, sin distraernos del objetivo, que no baje el telón de la comedia, que sigan en el destierro los cazadores de dramas.

No queremos sólo esto sino todo, que la brújula señale siempre la primavera, que el crepúsculo no se destiña con la lluvia, que la memoria se serene y amasemos las horas del amor, demorándonos en gemidos y dulzura, que los olores de la niñez no se pierdan, que los ojos de nuestra niñez no se apaguen, que esta hora, que este día de hoy sea único, es el momento de continuar, llorando, luchando, riendo, siendo, viviendo. Os abrazo.

19.9.17

Ese momento


Bert Hardy


Me gusta ese momento, verte, amor, cuando sales de ti misma, cuando eres  la que eres, la que ríe, feliz, la que cambia hasta la voz, se transfigura, ese momento puntual en el que el mundo se detiene y no hay nada alrededor, el instante mágico, cuando sale la mujer original, el ser humano sin ataduras, sin recuerdos, sin otra cosa que no sea vibrar en la vuelta al principio de todo, descubrir ese yo íntimo. Ese momento…

18.9.17

Polígono.



Veamos, que en los polígonos industriales del arte (pobrecito mío) levantas una piedra (presuntamente) literaria y lo mismo aparece un corazón que un zapato, un alacrán o una fila de hormigas, qué más da, una baraja, reparte las cartas que hoy es lunes, aquí no viene nadie y podemos jugar a cerrar puertas o a entornar las ventanas del verano de mil novecientos ochenta y tres, un decir, puede ser un siglo antes, que los armarios están llenos de recuerdos y en mi mente (no solo ahí) se ha montado la revolución, ay aquellas huelgas cortando carreteras, defendiendo el puesto de trabajo, los mercados, la madre que los parió, hambre para todos menos para ellos,  tenerla para siempre, tenerla, siempre, ilusiones de un metalúrgico reconvertido, divertido, entre París y Berlín, besando los cruces de los días, las intercesiones, allí donde eso, ahí en eso, que dicen en lo limítrofe, las afueras, donde no hay citas a ciegas, donde se ama contra la pared, hasta en invierno, soledad del abrazo en el cuarto de máquinas del ascensor, por si las dudas, puertas abiertas al deseo en edición de lujo lujurioso,  que no había que hacer la cama ni disimular las sábanas, solo había ternura y qué sé yo (sí sé, intento despistar), hogar dulce hogar cada vez que escuchamos pasos en el portal porque hoy es lunes, como aquello que cantaba Vinicius de Moraes, tan llena de pudor que vive desnuda, estrategia del fraude, sexo, amor, aquí nos pillábamos y ya, es curioso, ya no forma parte de ningún paisaje, ni de las neuronas perdidas con la ginebra en las rocas de la jaula y alrededores, la edad del soul, del sol, del ritmo azul y no teníamos edad (al contrario que ahora, que nos sobra), erotismo en ná, en tó, todo me ponía (pone), todo me alteraba (como ahora),  mercadillo de los domingos, nadie compra, nadie lee, igual que los martes o los viernes, hoy, aún, por eso es igual, levanta esta piedra escrita a trompicones, mientras Ella se arregla, peina, pinta, da vueltas por la casa, cambia el bolso, me he olvidado las llaves  y vuelta empezar, otra tarde/noche que llegaremos tarde, aunque más vale tarde que nunca, este escrito se junta con el tuyo, y las soledades y, repito, en mi mente se está montando una buena, Bilbao se adorna con contenedores de basura ardiendo en la noche fría, lluviosa, voy a sellar la bonoloto, corto y cierro. ¿Qué?

17.9.17

Al menos puedo contarlo.



Dejo aquí cosas que escribo.
Es absurdo, estéril, aunque me libera.

Ayer, por teléfono, me cuentan de la grave enfermedad de una persona amiga.
Me quedo sin palabras.

Por la tarde me tropiezo con A. Me dice que su pareja está fastidiada, que se ha reproducido su mal, que desde agosto está pasando un penoso momento.
Le abrazo, le beso, intento animarla (para animarme), no sé si digo lo que quiere escuchar.

Dejar aquí estas cosas que escribo no tiene demasiado sentido.
O quizás sí, al menos puedo compartirlo.
Ay.

16.9.17

Crebeiros.

"Desde siempre, los pueblos que habitaron los litorales marítimos y oceánicos, sintieron fascinación por los materiales, naturales que las olas van dejando en la línea de la marea.
En la Costa de la Muerte el nombre que reciben estos restos es el de "Crebas".

Pero la fascinación sólo está motivada por el valor económico de lo encontrado. El mar envía a la costa todo cuanto rechaza, sea material contaminante, restos de naufragios o maderas procedentes de los bosques del norte y de las selvas tropicales.

En la búsqueda de ese material, los crebeiros peinan arenales, cavernas y canturrales.

Hoy, los crebeiros son los artistas, que encuentran en ese material una razón para reflexionar sobre la naturaleza humana."




Les invito a conocer el magnifico trabajo de Alejandra Sampedro

15.9.17

Escojo vivir.



Algo se ha movido, alguien ha movido las fichas, los días, no reconozco las caras, los gestos, las voces, no sé quién soy ahora, vivir es una incertidumbre en la que  nada es lo que era.

Pero amanece.

Me he vuelto extranjero, extraño, soy otro, todos son otros, no entiendo el lenguaje, el acento, las formas, no hay señales, signos, no encuentro el sentido, el camino, la mano que me guíe.

Me empujan.

Pero ¿qué m`estás contando?

Que no se puede estar en misa y repicando, comer sopas y sorber, estar al plato y a las tajadas, que no se puede dormir y guardar la era, soplar y sorber, que no se puede nadar y guardar la ropa, repicar la campana y llevar al santo o repicar y andar en la procesión.

Es decir que amo, trabajo, gozo, voy, vengo, subo, bajo, vuelvo, río, bebo, como, duermo, no escribo.


Escojo vivir. 

14.9.17

Contestador




Es la única manera que tengo de escucharle.
Lo confieso, soy una adicta a su voz en el contestador del teléfono.
Llamo una y otra vez.
No es solo su voz, claro, es Él.
Desde ayer contesta una enfermera.
Debo encontrar una manera de volver a verle.
No sé qué pensaría mi marido si lo supiera.

De mi marido no sé casi nada excepto que no es poeta.
No, no lo es, tiene otras muchas virtudes, pero no es poeta.
Por eso no me comprende, lo que escribo, ni las películas que veo, ni los libros que leo, ni la música que escucho, ni sabe mirar los paisajes detrás y dentro de los paisajes.
Pero me quiere, lo sé, bueno...creo.

La verdad es que ni yo misma me entiendo.
Solo sé que quiero que me bese otra vez.
Él.

13.9.17

Sobre anfibios y otros seres vivos

Huir hacia los márgenes, huir hacia los confines de la vida. 

 El renacuajo Brown es así, como buen  anuro tiene sus branquias externas, aunque  si es preciso desarrolla el opérculo (pues bueno es) y las internaliza, las encierra en el saco (branquial) y lo comunica por el espiráculo (tal cual, sin despeinarse). Todo sea por no estar donde debe estar. 

Esto del deber es algo que no va con su manera de ser, de nadar como los peces, por ondulación lateral,  con su cola, como muchos, como tantos. Es más, cuando el renacuajo Brown alcance su madurez deberá entrar en esa metamorfosis que hará crecer sus patas, en la apoptosis que absorberá su cola (eso tiene que doler). Por eso remolonea, no madura (tampoco me extraña), por eso huye, por eso es herbívoro aunque en la práctica se comporte como omnívoro o incluso, si es preciso, practique el canibalismo (puede llegar a comerse a sí mismo pero esa es ya otra historia).



Ay, esos pipidae sin dentículos, con dos espiráculos.

Ay, los microhylidaes, archaeobatrachia, hyliadess, ranidaes, bufonidaes, renacuajos presumidos que nada quieren saber de nosotros, que hacen ostentación extrema de sus picos queratinizados.

Ay, renacuajos de los caudados que no son propiamente renacuajos, que enseguida se parecen a los adultos, que nacen sin patas pero las desarrollan prontamente (salvo que son más pequeñas, menos pigmentadas),  que ostentan a los lados de la cabeza branquias ramificadas, que suelen ser carnívoros como sus padres y madres, abuelos, abuelas, primos, cuñados, que pueden presentar dos fenotipos distintos en función de las condiciones ecológicas en las que vive, como es el caso del ajolote (un punto filipino) o el particular individuo neotenico de aspecto larval (este sí que). 

Ay, infinita clasificación de Orton.

 (Ajolote)

Seguimos en el charco, el renacuajo Brown y un servidor de ustedes, con absoluto miedo a la apoptosis de cola, temerosos de ajolotes y bufonidaes, espiráculos desproporcionados y sequías involuntarias.

Señor, señor, que dura es nuestra vida húmeda, siempre en permanente huida hacia los márgenes, hacia los confines de la vida.

¿Maduraremos? ¿Algún día seremos ranas? ¿Nos ahogaremos en el fango?

No (pues vaya).


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